15 de septiembre: ¿Qué significa educar en un México que está cambiando?
15 de septiembre: ¿qué significa educar en un México que está cambiando?
En estas fechas hablamos de independencia, de libertad y de lo que significa ser mexicanos.
Quizá también sea un buen momento para preguntarnos qué estamos construyendo para las generaciones que vienen.
Vivimos una época en la que un teléfono celular, una conexión a Internet, una plataforma educativa o una herramienta de Inteligencia Artificial pueden convertirse en una fuente extraordinaria de aprendizaje… o en una distracción, una dependencia o incluso en una forma de limitar el desarrollo.
Pero quizá el problema no esté solamente en la herramienta.
Una herramienta no decide por nosotros.
La tecnología puede ampliar las posibilidades de una persona que quiere aprender, investigar, crear, resolver problemas, conocer otras culturas, participar en concursos, desarrollar una habilidad o descubrir una vocación. Hay niñas, niños y jóvenes que han llegado a escenarios nacionales e internacionales precisamente utilizando recursos tecnológicos para desarrollar aquello que saben hacer.
Entonces, la pregunta no debería ser únicamente:
“¿La tecnología es buena o mala para nuestros hijos?”
Tal vez deberíamos preguntarnos:
¿Qué les estamos enseñando a hacer con ella?
La respuesta tiene mucho que ver con algo que ninguna plataforma puede instalar automáticamente: la ética.
La responsabilidad está en las personas que utilizan estas herramientas.
Por eso, hablar de educación digital no debería significar únicamente aprender a utilizar una aplicación. Significa aprender a distinguir, investigar, cuestionar, crear, respetar, protegerse, reconocer los límites y asumir las consecuencias de lo que hacemos en el entorno digital.
Y esto nos involucra a todos.
A las familias, que necesitan oportunidades reales para alfabetizarse digitalmente y acompañar a sus hijos, sin tener que convertirse en especialistas en tecnología.
A los docentes, que necesitan tiempo para hacer aquello que ninguna plataforma puede sustituir: observar a sus alumnos, escucharlos, orientarlos, despertar su curiosidad y acompañar sus procesos.
A las instituciones, que también pueden preguntarse cuánto tiempo valioso de sus profesores se está destinando a tareas administrativas que podrían ser atendidas por otros perfiles profesionales, permitiendo que el tiempo educativo vuelva a estar en el centro.
Y a nosotros como sociedad.
Porque no podemos pedir a las nuevas generaciones que aprendan a respetar si continuamente observan adultos que se descalifican.
No podemos pedirles que construyan puentes mientras nosotros levantamos barreras.
No podemos reclamarles que no se dividan si les enseñamos, de manera cotidiana, a clasificarse por edad, por género, por nivel económico, por lugar de origen, por forma de pensar, por lo que hablan, por lo que tienen o por aquello en lo que creen.
México es mucho más grande que nuestras diferencias.
También es la lengua que alguien conserva en su comunidad.
Es la niña o el niño que descubre una vocación científica.
Es el joven que utiliza Internet para aprender algo que no encuentra en su entorno inmediato.
Es quien estudia en un aula presencial y quien aprende desde casa.
Es quien cuida un animal, protege un árbol, conoce su territorio o encuentra una nueva manera de solucionar un problema de su comunidad.
Es nuestra biodiversidad, nuestras culturas, nuestras comunidades y también nuestra capacidad de crear.
Por supuesto, niñas y niños deben seguir teniendo la oportunidad de ser niñas y niños. La tecnología no tiene que ocupar cada minuto de su infancia. El juego, el movimiento, la convivencia, la naturaleza, la conversación, la lectura, la imaginación siguen siendo fundamentales.
Pero tampoco necesitamos tenerle miedo al futuro para proteger la infancia.
Necesitamos acompañarla.
La educación presencial y la educación en línea no tienen por qué ser enemigas. Pueden complementarse cuando existe propósito, estructura, acompañamiento y responsabilidad.
Una pantalla no sustituye a una persona.
Una plataforma no sustituye a un maestro.
Una herramienta de Inteligencia Artificial no sustituye el pensamiento.
Y ningún recurso tecnológico puede sustituir la formación de valores.
Lo que sí puede hacer la tecnología es ayudarnos a utilizar mejor nuestro tiempo, ampliar el acceso al conocimiento y abrir posibilidades que antes estaban fuera del alcance de muchas personas.
Quizá no se trata de elegir entre “lo tradicional” y “lo digital”.
Se trata de aprender a aprovechar lo mejor de ambos mundos.
Y en ese aprendizaje también tenemos una responsabilidad como adultos.
Las nuevas generaciones no necesitan que les dejemos un mundo perfecto. Necesitan que les dejemos mejores herramientas para comprenderlo, cuidarlo y participar en él.
Este 15 de septiembre, además de recordar nuestra historia, podríamos preguntarnos qué clase de país queremos entregar a quienes vienen detrás.
Un país que siga encontrando motivos para dividirse.
O un país capaz de reconocer que podemos pensar diferente y, aun así, trabajar por algo que compartimos.
Porque ser mexicano también puede significar eso:
aprender juntos, cuidar lo que tenemos, respetar nuestras diferencias y preparar a quienes vienen para construir un futuro que todavía no podemos imaginar.
La independencia también puede recordarnos una responsabilidad:
la libertad de aprender, la responsabilidad de elegir y el compromiso de utilizar nuestro conocimiento para construir, no para dividir.

Comentarios
Publicar un comentario