Analogías en los exámenes de admisión: el lenguaje oculto del razonamiento verbal
Analogías en los exámenes de admisión: el
lenguaje oculto del razonamiento verbal
Análisis académico profundo de las analogías en los exámenes de admisión como dispositivos cognitivos, culturales y sociales de evaluación educativa.
Introducción: cuando un ejercicio aparentemente simple decide trayectorias de vida
Las analogías ocupan un lugar central en numerosos exámenes de admisión a la educación superior y media superior. Presentadas como ejercicios de razonamiento verbal destinados a evaluar habilidades cognitivas generales, suelen percibirse como reactivos técnicos, neutrales y desprovistos de carga ideológica. Sin embargo, esta percepción resulta profundamente engañosa. Las analogías constituyen mucho más que un desafío lingüístico: son artefactos cognitivos institucionalizados que condensan supuestos históricos sobre la inteligencia, el mérito, el lenguaje y la legitimidad educativa.
Desde una mirada crítica, las analogías funcionan como un lenguaje oculto dentro de los sistemas de selección académica. Oculto no porque sea intrínsecamente inaccesible, sino porque invisibiliza las condiciones sociales, culturales y educativas que hacen posible su comprensión. En el momento en que una relación abstracta entre palabras se convierte en criterio de inclusión o exclusión educativa, deja de ser un simple ejercicio intelectual y pasa a operar como un dispositivo de poder.
Este artículo propone un análisis exhaustivo de las analogías en los exámenes de admisión desde una perspectiva interdisciplinaria que articula psicología cognitiva, lingüística, sociología de la educación y estudios críticos de la evaluación. No se limita a describir cómo se resuelven las analogías, sino que examina qué evalúan realmente, por qué se consideran indicadores legítimos de aptitud, a quién benefician estructuralmente y qué efectos producen sobre la desigualdad educativa y la subjetividad estudiantil, con especial atención al contexto latinoamericano y mexicano.
La analogía como proceso cognitivo fundamental
Desde la psicología cognitiva, el razonamiento analógico se reconoce como una de las capacidades centrales del pensamiento humano. Consiste en establecer correspondencias estructurales entre dos dominios distintos, identificando relaciones abstractas que trascienden similitudes superficiales. Esta capacidad permite transferir aprendizajes previos a situaciones nuevas, construir explicaciones científicas, comprender metáforas complejas y resolver problemas no rutinarios.
Investigaciones clásicas, particularmente las desarrolladas por Dedre Gentner, han demostrado que el razonamiento analógico opera mediante lo que denomina structure mapping: un proceso en el que el individuo alinea relaciones entre elementos de dos dominios, priorizando la correspondencia estructural sobre la semejanza literal. Este tipo de razonamiento exige un alto grado de abstracción y control cognitivo, ya que requiere inhibir asociaciones irrelevantes y focalizarse en relaciones profundas.
Desde esta perspectiva, resulta comprensible que las analogías hayan sido consideradas durante décadas indicadores privilegiados de inteligencia fluida. No obstante, esta asociación, aunque empíricamente sustentada en ciertos contextos experimentales, se vuelve problemática cuando se traslada sin mediación a escenarios de evaluación masiva y de alto impacto.
De la habilidad mental a la tecnología cognitiva
Para comprender el papel de las analogías en los exámenes de admisión, es necesario abandonar una visión puramente psicológica y adoptar una mirada sociohistórica. Las analogías, tal como aparecen en los exámenes, no son simples expresiones espontáneas del razonamiento humano, sino tecnologías cognitivas: formas socialmente diseñadas para capturar, estandarizar y comparar procesos mentales.
Las tecnologías cognitivas se caracterizan por transformar actividades mentales complejas en unidades discretas, evaluables y jerarquizables. En el caso de las analogías, esta transformación adopta una forma altamente formalizada: A es a B como C es a D. Esta estructura no surge de manera natural del pensamiento cotidiano, sino que responde a exigencias institucionales de eficiencia, objetividad y comparabilidad.
Este punto es crucial: cuando una capacidad cognitiva se convierte en tecnología de evaluación, deja de ser neutral. Se inserta en relaciones de poder, en dispositivos de selección y en regímenes de legitimación del mérito.
Historia de las analogías en la evaluación: psicometría, modernidad y control social
El uso sistemático de analogías en pruebas de admisión se consolidó a finales del siglo XIX y principios del XX, en paralelo al surgimiento de la psicometría moderna. Este periodo histórico estuvo marcado por profundas transformaciones sociales: expansión de los sistemas educativos, industrialización, urbanización y necesidad de administrar poblaciones cada vez más numerosas.
En este contexto, las instituciones educativas enfrentaron un dilema central: cómo seleccionar estudiantes de manera “justa” y “objetiva” en ausencia de vínculos personales o criterios aristocráticos explícitos. La psicometría ofreció una respuesta técnica a un problema político. Las analogías, junto con otros ítems de razonamiento verbal y matemático, se integraron a pruebas de aptitud bajo la promesa de medir capacidades generales, independientes del origen social.
Sin embargo, investigaciones históricas han mostrado que estas pruebas estuvieron desde sus orígenes atravesadas por concepciones normativas sobre inteligencia, normalidad y valor social. En algunos casos, incluso se vincularon con proyectos eugenésicos y jerarquizantes, hoy ampliamente cuestionados.
Lenguaje, cognición y estructura social
Las analogías verbales no pueden comprenderse al margen del lenguaje que las vehicula. Resolver una analogía implica mucho más que reconocer una relación lógica abstracta: exige dominar significados, matices semánticos, usos metafóricos y convenciones culturales del idioma.
Desde la lingüística cognitiva, el lenguaje no es un simple instrumento de expresión, sino una estructura que organiza la experiencia y el pensamiento. En consecuencia, las analogías verbales evalúan simultáneamente capacidades cognitivas y competencias lingüísticas socialmente distribuidas.
Este punto resulta fundamental para entender por qué estudiantes con trayectorias educativas desiguales enfrentan dificultades sistemáticas en este tipo de reactivos. No se trata de una carencia intelectual, sino de una desigualdad en el acceso a prácticas lingüísticas valoradas por el sistema evaluador.
Capital cultural y violencia simbólica
La obra de Pierre Bourdieu proporciona un marco teórico particularmente potente para analizar el papel de las analogías en los exámenes de admisión. El concepto de capital cultural permite comprender cómo ciertas disposiciones cognitivas y lingüísticas se adquieren de manera desigual y se transforman en criterios legítimos de evaluación.
Las analogías privilegian a quienes han sido socializados en entornos donde el lenguaje abstracto, la lectura analítica y la argumentación formal son prácticas habituales. Para estos estudiantes, el formato del examen resulta familiar; para otros, representa un código opaco cuya lógica no ha sido explicitada.
Este proceso constituye una forma de violencia simbólica: el sistema educativo impone un criterio cultural particular como si fuera universal y natural, y atribuye el fracaso a deficiencias individuales en lugar de reconocer desigualdades estructurales.
¿Qué evalúan realmente las analogías?
Desde el discurso oficial, las analogías se presentan como indicadores de razonamiento abstracto e inteligencia general. Si bien existe evidencia empírica que respalda correlaciones entre desempeño en analogías y ciertas funciones cognitivas —como la memoria de trabajo y el control ejecutivo—, estas correlaciones no agotan el fenómeno.
El rendimiento en analogías también depende de factores como:
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amplitud y profundidad del vocabulario,
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familiaridad con formatos estandarizados de examen,
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entrenamiento previo,
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manejo de la ansiedad y la presión temporal.
Esto revela una tensión central: las analogías no miden una sola dimensión, sino una combinación compleja de habilidades cognitivas, recursos culturales y disposiciones emocionales.
La experiencia subjetiva del estudiante: ansiedad, extrañamiento y autoatribución del fracaso
Un aspecto frecuentemente ignorado en el análisis técnico de las analogías es su impacto en la experiencia subjetiva de los aspirantes. Para muchos estudiantes, especialmente aquellos provenientes de contextos educativos marginados, estos reactivos generan una sensación de desconcierto profundo: “entiendo las palabras, pero no entiendo qué se espera de mí”.
Este extrañamiento no es trivial. Tiene consecuencias emocionales y simbólicas significativas: incrementa la ansiedad, erosiona la confianza cognitiva y favorece la internalización del fracaso como incapacidad personal. Desde una perspectiva psicológica crítica, este proceso puede interpretarse como una forma de autoatribución estructuralmente inducida.
Las analogías, así, no solo seleccionan; producen subjetividades, configurando quién se percibe a sí mismo como “apto” o “no apto” para la educación superior.
El caso mexicano: analogías, evaluación y desigualdad estructural
En México, los exámenes de admisión que incluyen analogías operan dentro de un sistema educativo profundamente desigual. La brecha entre escuelas urbanas privadas y escuelas públicas rurales o marginadas se traduce en diferencias significativas en exposición al lenguaje académico y al razonamiento abstracto.
En este contexto, las analogías tienden a amplificar desigualdades preexistentes. No porque los estudiantes carezcan de capacidad, sino porque el sistema evalúa competencias que no han sido equitativamente desarrolladas.
Entrenabilidad y la crisis de la neutralidad
La proliferación de cursos de preparación para exámenes de admisión pone en cuestión la supuesta neutralidad de las analogías. La evidencia muestra que el desempeño mejora significativamente con entrenamiento específico, lo que revela que estas pruebas evalúan habilidades entrenables más que aptitudes innatas.
Dado que el acceso a entrenamiento de calidad está socialmente estratificado, las analogías refuerzan dinámicas de privilegio bajo la apariencia de meritocracia.
Crisis contemporánea del paradigma de analogías en la evaluación educativa
En las últimas décadas, el uso de analogías como instrumento central de evaluación en exámenes de admisión ha entrado en una fase de cuestionamiento profundo. Este cuestionamiento no surge de una moda pedagógica pasajera, sino de una acumulación sostenida de críticas empíricas, teóricas y éticas provenientes de distintos campos del conocimiento. Psicólogos cognitivos, sociólogos de la educación, expertos en políticas públicas y movimientos estudiantiles han señalado, desde perspectivas diversas, las limitaciones estructurales de este tipo de reactivos.
Uno de los ejes centrales de la crítica contemporánea es la validez predictiva. Si bien durante décadas se asumió que un buen desempeño en analogías predecía el éxito académico futuro, estudios más recientes han mostrado que dicha predicción es, en el mejor de los casos, moderada y altamente dependiente del contexto institucional. En muchos casos, el desempeño previo en la escolarización formal resulta un predictor igual o más robusto que las pruebas de razonamiento verbal descontextualizado.
A esta crítica se suma un cuestionamiento más profundo: incluso si las analogías predijeran cierto tipo de éxito académico, ¿qué tipo de éxito es ese y bajo qué concepción de la educación superior? La respuesta a esta pregunta revela una tensión fundamental entre un modelo de universidad selectiva, orientada a la clasificación, y otro orientado a la inclusión, la formación crítica y la diversidad epistemológica.
Analogías, poder y legitimidad educativa
Desde una perspectiva de ciencias sociales, las analogías pueden analizarse como dispositivos de legitimación institucional. No solo seleccionan estudiantes; legitiman la autoridad del sistema educativo para decidir quién merece acceder a oportunidades escasas. Esta legitimación se sostiene sobre una narrativa poderosa: la idea de que la selección se basa en capacidades individuales objetivas y medibles.
Sin embargo, esta narrativa se debilita cuando se examinan las condiciones reales de producción del desempeño en analogías. El acceso desigual al capital cultural, la entrenabilidad de las pruebas y la dependencia del lenguaje académico erosionan la pretensión de neutralidad. En este sentido, las analogías operan como lo que Michel Foucault denominaría una tecnología de gobierno: un mecanismo que regula poblaciones mediante criterios aparentemente técnicos, pero profundamente normativos.
El impacto humano de este proceso es significativo. Cada año, millones de estudiantes experimentan rechazo institucional a través de exámenes de admisión. Este rechazo no es un evento abstracto; se traduce en trayectorias educativas truncadas, duelos simbólicos, reconfiguración de expectativas vitales y, en algunos casos, exclusión persistente del sistema educativo formal. La evaluación, lejos de ser un acto neutral, se convierte así en un punto de inflexión biográfico.
Memoria histórica, mitificaciones y persistencia del modelo
Uno de los factores que explica la persistencia de las analogías en los sistemas de admisión es su naturalización histórica. Con el paso del tiempo, estos reactivos han dejado de percibirse como decisiones técnicas contingentes y se han convertido en elementos “tradicionales” del examen. Esta tradición genera una ilusión de inevitabilidad: se asume que siempre han estado ahí y que, por tanto, deben seguir estándolo.
Esta mitificación del instrumento evaluativo dificulta su cuestionamiento. Las analogías se presentan como parte del “sentido común” educativo, aun cuando su uso responda a contextos históricos específicos que han cambiado radicalmente. Romper con esta inercia requiere no solo evidencia empírica, sino también voluntad política e imaginación institucional.
Alternativas contemporáneas a la evaluación basada en analogías
El cuestionamiento al paradigma de las analogías no implica la renuncia a la evaluación rigurosa, sino la apertura a modelos más complejos y contextualizados. En diversos sistemas educativos se han explorado alternativas que buscan equilibrar exigencia académica y justicia social.
Entre estas alternativas se encuentran las evaluaciones situadas, que plantean problemas contextualizados y permiten observar cómo los estudiantes movilizan conocimientos en escenarios significativos. También se han desarrollado modelos de admisión que combinan múltiples criterios: desempeño escolar previo, portafolios académicos, entrevistas estructuradas y pruebas diagnósticas no excluyentes.
Estas propuestas comparten una premisa fundamental: la inteligencia y el potencial académico no se expresan de una sola manera ni pueden capturarse plenamente mediante un único formato de prueba.
El debate en América Latina y México: desafíos estructurales
En América Latina, y particularmente en México, el debate sobre las analogías en los exámenes de admisión adquiere una relevancia específica debido a la magnitud de las desigualdades educativas. En contextos donde el sistema escolar reproduce profundas brechas regionales, lingüísticas y socioeconómicas, la aplicación de pruebas estandarizadas de alto impacto plantea dilemas éticos ineludibles.
La persistencia de analogías en estos contextos debe analizarse no solo como una decisión técnica, sino como una elección política que define el perfil del estudiantado universitario. Mantener estos instrumentos sin modificaciones sustantivas implica aceptar que el acceso a la educación superior seguirá mediado por desigualdades estructurales no resueltas.
Lecciones para el presente: repensar el “lenguaje oculto”
Comprender las analogías como lenguaje oculto permite desplazar el debate del terreno técnico al terreno político y ético. No se trata únicamente de mejorar la redacción de los reactivos o de ofrecer más cursos de preparación, sino de interrogar los supuestos mismos que sostienen la evaluación selectiva.
Repensar las analogías implica preguntarse qué tipo de universidad se desea construir, qué formas de conocimiento se valoran y qué responsabilidades asumen las instituciones frente a la desigualdad social. Estas preguntas no tienen respuestas simples, pero su omisión perpetúa un modelo de selección que confunde neutralidad técnica con justicia.
Las analogías en los exámenes de admisión constituyen mucho más que ejercicios de razonamiento verbal. Son dispositivos cognitivos, culturales e institucionales que articulan ideas sobre inteligencia, mérito y valor social. Su aparente simplicidad oculta una compleja red de supuestos históricos, lingüísticos y políticos que influyen de manera decisiva en las trayectorias educativas de millones de personas.
Analizarlas críticamente permite comprender cómo los sistemas de evaluación pueden reproducir desigualdades incluso cuando se presentan como instrumentos objetivos. Desocultar su lenguaje no significa descartarlas sin reflexión, sino someterlas a un escrutinio riguroso que haga visibles sus límites y efectos.
Si la educación superior aspira a ser un espacio de formación crítica, inclusión y diversidad, resulta indispensable revisar el papel que instrumentos como las analogías desempeñan en la arquitectura de la selección académica. Solo así será posible avanzar hacia modelos de evaluación que no confundan inteligencia con privilegio ni mérito con familiaridad cultural.
Referencias
Bourdieu, P. (1997). Capital cultural, escuela y espacio social. Siglo XXI Editores.
Gentner, D. (1983). Structure-mapping: A theoretical framework for analogy. Cognitive Science, 7(2), 155–170.
Gentner, D., Holyoak, K. J., & Kokinov, B. N. (Eds.). (2001). The analogical mind: Perspectives from cognitive science. MIT Press.
Messick, S. (1989). Validity. En R. L. Linn (Ed.), Educational Measurement (3rd ed.). Macmillan.
Shepard, L. A. (2000). The role of assessment in a learning culture. Educational Researcher, 29(7), 4–14.
Snow, R. E., Kyllonen, P. C., & Marshalek, B. (1984). The topography of ability and learning correlations. Advances in the Psychology of Human Intelligence, 2.

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